Ojos de fotógrafo

Siempre me pregunté por qué miraba cosas que a otros no les interesaba, por qué veía más allá de lo fácilmente comprensible; por qué mis ojos se aferraban a los detalles, las luces, los fondos y colores.
La primera vez que tomé una cámara en mis manos encontré respuestas a esas preguntas, presioné el disparador y percibí en el pecho una alegría diferente a lo que conocía. En ese momento supe que estaba destinado a congelar instantes.
Encontré a la fotografía arrinconada en un pasillo oscuro, empolvada de conceptos y de leyes, como un faro a punto de desfallecer. Se aferró a mis ojos y quedé enamorado para siempre, la tomé en mis manos y corrimos juntos a la luz.
Desde entonces llevo mi pequeña Nikon en ristre a cada sitio y capturo las escenas que logran emocionarme, que me sacan un asombroso, una lágrima, un suspiro. Quizás no sea la mejor de las cámaras, pero, cuando el ojo percibe la poesía,el dispositivo no tiene más remedio que obedecer.
Pero no quiero ni debo conformarme con lo poco que conozco. El amor a la fotografía me exige superación, especialización, oportunidades y creo que puedo encontrar lo que necesito en este blog, que tiene como única finalidad compartir, dialogar, aprender…
Tomo fotos porque esta existencia es muy efímera y fotografiar es congelar para siempre los suspiros de la vida.

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